Praderas altas de Gredos o Picos de Europa regalan amaneceres que valen cada madrugón. Llega con frontal y café en termo, sube despacio por senderos bien marcados y regala a tus tobillos bastones amigos. En la cumbre elegida, abriga el cuello, disfruta del silencio y estira con vistas. Desciende antes del calor, premiándote con un baño de pies en riachuelo cercano.
A la sombra de alcornoques y encinas, los mediodías se convierten en sobremesas lentas de frutas, pan y queso curado. Extiende un mantel discreto, recoge cada miguita y evita encender fuego. Un siestecito corto con sonido de pájaros devuelve energía. Observa líquenes y cortezas; cuentan décadas de historia. Antes de marcharte, revisa que tu huella sea solo memoria agradecida.
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